Hace unos años, en los recovecos del Barrio Matadero, asistían a clases de percusión cuequera 3 jóvenes entusiastas, desde ahí y en los años siguientes la amistad siguió trayendo nuevas caras a estas clases. Fueron estas aulas la que cultivaron en ellos el pulso de la cueca. Seis jóvenes, se unieron para realizar un proyecto, entregándole a la gente historias de estos barrios, historias de la ciudad, a través de la cueca, la cueca Citadina.

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